En los últimos, aproximadamente, 8 años he conocido a muchos, pero muchos muchos hombres por varios medios internáuticos y me he encontrado tantas personalidades y situaciones diferentes como sujetos.
Algunos de ellos han llegado a significar realmente algo importante para mí o se han convertido en buenos amigos, de algunos preferiría olvidarme o sencillamente lo hice tan rápido como lo que dura un adiós sin mayor trascendencia.
Hay hombres jóvenes con una gran personalidad y madurez pero lo que me he encontrado demasiado habitualmente son niños egocéntricos y vanidosos a una edad en la que eso ya no queda bien.
Una amiga me contaba hace poco, lo ridículo que resulta ver a un tío de 40 o 45 años embutido en una camisa de una talla menor de lo que correspondía intentando ligar con chicas 15 años más jóvenes. El resultado, justo aquello de lo que una chica o mujer joven con más de dos dedos de frente huiría despavorida: un baboso.
Pero en mi experiencia va mucho más allá, reconozco que yo tengo mis reminiscencias infantiles también y que soy tremendamente mimosa y eso a veces me lleva a adoptar voz de niña, que me gusta hacer el ganso, reírme y hacer reír a los demás entre otros rasgos de mi personalidad pero para mí la madurez es saber respetar a los demás, y eso implica cierta formalidad al adoptar compromisos tan sencillos como no faltar reiteradamente a citas, avisar a la otra persona si no voy a estar disponible o saber estar ahí para mis amigos cuando me he comprometido a ello, ¿eso no era lo que antiguamente consideraban "honor"?
Por el contrario, me he encontrado hordas de hombres que a sus treinta y muchos son incapaces de mantener su palabra en lo más básico, ofreciendo algo que de antemano saben que no podrán mantener y escapando luego a los compromisos adquiridos y en ocasiones su comportamiento ha sido tan sutil, o mi inocencia, o estupidez, porque no sé como llamarla, tal, que me he ido tragando mentira tras mentira, creyendo que eran tales sin darme cuenta que, sencillamente, siguen dependiendo del chupete, de su madre, o incluso de su última pareja.
Algunas personas los llaman "calzonazos", hombres incapaces de comprometerse con nada aunque juegan con la vana ilusión y se la creen ellos mismos de querer estar ahí, de querer ser tu mejor amigo ¿para que? ¿Para meterse entre tus bragas?
Joder, ¿en qué punto del cuento se perdieron? estoy segura absolutamente que eso podría ser necesario hace 20 años o quizá en la generación de mis padres pero ¿realmente lo es ahora?
Si hay alguna mujer inteligente leyéndome por ahí que considere necesario que le cuenten cuentos para no dormir o mentiras descaradas que tarde o temprano, generalmente más temprano que tarde se descubren por sí solas, para llevárselas a la cama, por dios, que se haga oír porque yo esa actitud no la soporto, no soporto que me intenten colar mentiras sin ningún fundamento o se comprometan a algo que de antemano saben que no quieren o pueden cumplir por un rato de sexo y menos aún cuando saben que valoro ese rato por sí mismo y sin necesidad de más artificio, cuando menos algún mensajito tierno pero un mensajito tierno no tiene porqué significar una mentira. ¿Qué tal un "buenas noches tesoro"... sin más?
Por otra parte, de repente, cuando llevan hablándote de una relación que saben que nunca sucederá y que de hecho ni tú ya quieres siquiera, en este caso particular, yo misma, cuando te fallan una y otra y otra y otra vez y ya no sabes si realmente el tipo es idiota o no tiene fondo de ningún tipo, cuando sigue insistiendo en ser tu amigo, en estar ahí, cuando pide disculpas banales por haberte fallado, cuando te cuenta milongas y te trata como a una niña, llega un día de repente y te suelta que le demandas demasiado. Aquí es donde ya me parto el pecho (de risa) ¿en qué planeta creeis que vivimos? mejor aún, ¿en qué planeta vivís vosotros?
Yo me crié en un colegio sólo de niñas, ya no recuerdo ni lo que nos contaban las monjas y salí de allí a los 13 años sin pena ni gloria pero que yo recuerde no había ninguna clase en la que nos enseñaran a "dar la vuelta a la tortilla" y culpar al otro de nuestros propios errores, yo creo que más bien nos enseñaban a sentirnos culpables, quizá lo de dar la vuelta a la tortilla era asignatura obligatoria en los colegios de niños porque me lo he encontrado muchas veces en muchos de ellos. Lo que más gracia me hace es cuando oyes, como ejemplo ilustrativo y tan real como la vida misma: "yo no soy impotente, eres tú quien no sabe cómo excitarme", o algo mucho más sencillo y habitual: "Yo no te he mentido, eres tú quien ha entendido mal o me ha malinterpretado".
Luego lo curioso, lo más curioso de todo es que como amigos, siempre y cuando no exista sexo de por medio, son los mejores y más leales, ¿porqué cambia todo tanto cuando surge la chispa de la atracción?
Si un hombre no ha madurado a los 40 años, si no es capaz de afrontar sus compromisos, los que él mismo se crea sin una soga al cuello, si no es capaz de respetar a los demás y pensar un poco en el resto del universo (todo lo que hay medio metro más allá de su propio ombligo)... ¿será capaz de madurar algún día?
Siempre he dicho que cuando uno está mal debe mirar en su interior y tomarse su tiempo para recuperarse, pero mandar un mensaje del tipo "Tranquila, dame unos minutos" y desaparecer tres días no me parece muy respetuoso como para que luego me digan que soy demasiado demandante.
Que tengáis feliz domingo, o el día que sea en el que leáis esto.
07/02/10
Bebés de treinta y muchos años
Publicado por
Ariadna
en
17:20
4
comentarios
02/01/10
Cebollas y Matrioskas...
Trescientas sesenta y cinco hojas más, el 2009 ha caído y estrenamos el 2010 y yo he celebrado también en estos días haber arrancado otras tantas hojas de mi calendario, ya tengo uno más, este año suman 32 y siempre me pasa igual, siempre siento que este año será mejor aún que el anterior y por lo general suele ser así porque incluso en los momentos más bajos siempre siento que estoy y estaré mejor de lo que he estado.
He pasado olímpicamente de las uvas, he celebrado una especie de cumpleaños gitano de día y medio, ha sido diferente, bonito, me he sentido feliz y toca mirar hacia delante, pedir deseos y esforzarse por que se hagan realidad.
Ayer, preparaba la comida en mi casa, se me fue la mano con la guindilla pero estaba rico, me encanta cocinar para otros y ver la cara que ponen cuando lo prueban, copa de vino en mano y mientras cortaba una cebolla morada, mis favoritas, veía todas esas capas superpuestas una sobre otra, perfectamente diferenciadas y tan pegaditas entre sí, tan unidas y me pregunto, ¿realmente no estamos las personas también compuestas por muchas capas superpuestas?
No, no me refiero al plano fisiológico sino al espiritual, al emocional... Veamos, cuando conocemos a alguien vamos, a medida que intimamos más y más, retirando cada una de esas capas pero ¿llegamos alguna vez realmente a la más profunda de todas?
Es como cuando vemos una de esas muñequitas rusas de madera y las cogemos en nuestras manos, desmontamos la primera y hay otra exactamente igual debajo, como las capas de las cebollas pero un poco más pequeña y luego otra más, y otra.... y hay personas que nos provocan un deseo irrefrenable de conocer la siguiente capa y otra más hasta llegar a lo más profundo igual que hay otras personas con las que nos basta quedarnos en la segunda o tercera...
¿Estoy divagando? Quizá un poco pero todos los años por estas fechas pienso con orgullo que algún día hace muchos años una monja estúpida les dijo a mis padres que no llegaría ni a 5º de E.G.B. y aquí estoy, y me considero una persona inteligente y muy válida y me queda mucha guerra por dar y en realidad, la primera persona a la que debería, la primera persona a la que deseo ir conociendo más profundamente, capa por capa, hasta llegar al núcleo, es a mí misma. La persona a la que más deberíamos amar, de corazón y con sinceridad en todo el mundo es a nosotros mismos. ¿Porqué no? ¿realmente esta clase de "egoísmo" es tan mala como nos la pintan?
¿Qué mecanismo hace que cada persona de este mundo seamos como somos?¿Que sintamos como sentimos? ¿Que las experiencias, vivencias, razones, tropezones, alegrías, tristezas, pérdidas nos convierten en lo que vamos siendo, año tras año, mes tras mes, semana tras semana y así hasta cada minuto de nuestra existencia? Ahora rozo lo metafísico y es que un amigo me dijo que valoraba la vida en años en lugar de días, momentos, instantes y opino que tiene razón.
El año pasado no fue demasiado bueno en general pero lo cierto es que tuvo momentos malos y unos cuantos momentos realmente muy felices, divertidos, memorables con los que deseo quedarme y a los que acudir cuando me invade la tristeza y el resto, a la papelera de reciclaje como cuando borramos un archivo del disco duro de nuestro ordenador.
Este 2010, aunque siga agrupando mis momentos en franjas de 365 días, quizá porque para bien o para mal fui a nacer el último día del año del calendario gregoriano, espero llenarlo de muchos momentos felices que meter en esa cajita que se llama memoria para que cuando me sienta triste pueda abrirla y sacarlos todos y sonreír.
Muy feliz 2010 y como me dijo un amigo el otro día en un mensaje cumpleañero.... no sueñes tu vida... VIVE TUS SUEÑOS!!!!
Publicado por
Ariadna
en
13:40
3
comentarios
12/10/09
Puzles incompletos
Ayer leí en un blog que me recomendó un amigo, un post sobre puzles, y en él hablaba, o eso entendí, del gran puzle que es la vida de cada uno, de comenzar por las esquinas y crear el marco como base y cimientos de nuestra vida.
Bien, no pretendo plagiar su idea porque el contenido de este post, creo, irá por otros derroteros, pero yo he tenido entre mis manos, en los últimos meses, un puzle del que no tenía todas las piezas, faltaban unas cuantas y quedaban demasiados huecos vacíos, los cuales debía rellenar con imaginación, con cierta confianza de encontrar algún día esas piezas ausentes, sabía que algunas de ellas no aparecerían nunca, quizá mi puzle era en realidad el puzle de otra persona y, ¿qué hago yo intentando completar el puzle de otra persona?
Intentando imaginar cómo son las piezas que faltan, haciéndolo y deshaciéndolo como el traje de novia de Penélope, sintiendo que las únicas piezas que encajan son aquellas que son mías y tan propias, piezas de las que yo únicamente conozco la forma y el color y el dibujo que conforman pero no acaban de encajar con la totalidad.
Pensando, ilusoriamente que algún día encontraría esas piezas ausentes y completaría el puzle y vería finalmente el dibujo que compone seguía, un día tras otro, colocando, girando piezas, sacándolas de nuevo, obcecada en encontrarles un hueco apropiado, su hueco.
Ahora siento que es hora, quizá, de desbaratarlo del todo, por ahora prefiero que quede muy oculto, en el fondo del armario, intentar no recordar por un tiempo los dibujos y colores que logré llegar a encajar.
Éste no es el puzle de mi vida, con el tiempo espero poder entender que sólo fue un pequeño puzle que me regalaron e intenté montar pero faltaban piezas que no puedo pintar y recortar en cartón según mi imaginación e ilusiones porque nunca acabarían de encajar y además, a mí, los trabajos manuales no se me daban bien en el colegio. Guardaré todas las piezas de las que dispongo en su caja y la colocaré en lo alto del armario como aquellas cosas que guardamos por si algún día nos apetece destapar la caja de Pandora y rebuscar en los recuerdos.
Pero ¡cuántas horas he dedicado a montar este puzle! ¿han sido horas perdidas?
¡Cuántos quebraderos de cabeza me ha provocado!
¡Cuánta ilusión he puesto en intentar terminarlo algún día y ver la imagen completa! ¿y qué?
¿Acaso la imagen completa me hubiera reportado alguna satisfacción?
En las relaciones humanas, los puzles nunca se terminan, siempre quedan piezas por poner, quizá es que realmente llegué a terminar este puzle aunque no haya quedado perfecto y el problema sea que la imagen final que resultó no fuera la esperada. Quizá demasiado caótica.
¿Y si algún día me da por volver a sacar la caja y volver a intentarlo?
O si lo dejara caer en el olvido y buscara otro puzle… Estos puzles, en los que la mitad de las piezas están en manos de otra persona, u otras, nunca tienen imagen en la tapa, no siempre sabemos con antelación si dispondremos de todas las piezas ni cuántas lo componen. Quizá esto es parte de la emoción que suponen, de esas mariposas que nos revolotean en el estómago. Pero estos puzles son de aquellos que no puede montar uno sólo, que siempre es mejor montar entre dos, donde cada uno aporta las piezas de las que dispone y cada uno colabora y ayuda al otro a ponerlas en el lugar apropiado.
Me ha encantado el post que leí sobre los puzles porque a mí me encantaba hacerlos, son un entretenimiento, se te pasa el tiempo, a veces un reto, a veces lo terminas y aunque hayas estado meses para completarlo y haya quedado perfecto no apetece enmarcarlo sino volver a deshacerlo, guardarlo en la caja y volver a empezarlo en otra ocasión.
Espero que el dueño del post no tome éste como un plagio sino el suyo como una inspiración.
Publicado por
Ariadna
en
12:34
7
comentarios
27/09/09
El hilo en mis manos....
El hilo de AriaDna, ese hilo dorado y mitológico que sacó a Teseo de la cueva tras librar su "heróica" lucha con el feroz Minotauro, ese hilo que enamorada le entregó para salvarle sigue enredado en mis manos.
Intento desatar el nudo pero cada caricia, cada abrazo, cada hora de entrega y delirio vuelve a anudarse, a enredarse y es a la vez sedante, veneno y antídoto.
El hilo me sujeta las manos, los pies, se me enreda entre las piernas, y me siento más que nunca abandonada en esa isla buscando un dios Baco al que entregarme sin deseos realmente de hacerlo, quizá sólo por despecho.... no quiero despecho, no quiero amantes en los que saciar la sed que sólo una fuente puede aliviar... No deseo liberar los demonios entre brazos y piernas enredados si no son esos brazos y esas piernas y al mismo tiempo sé que la locura a veces me atenaza, esa locura en la que disfruto, gozo, espero, sublimo...
Mi Teseo se va y de cuando en cuando vuelve y reposa a mi lado, y me recorre, y bebe y come de mí, me devora, me extingue, me enciende de nuevo.... por cada nudo que deshace crea otros dos y así me paso los días como Penélope, tejiendo un traje que desharé cada noche por no terminar nunca.
No me compadezcas, no soy una víctima, sólo siento, vivo, sufro, gozo, anhelo... como cualquier mortal... y descansar en los brazos de Baco de cuando en cuando tampoco me parece tan terrible.
Pobre Baco cada vez que ve tus naves acercándose de nuevo, esos ojos verdes que me pierden, esa mirada que atraviesa mii aliento...
¿Qué ocurrirá cuando al hilo no le quede otro nudo por deshacer?
Publicado por
Ariadna
en
17:01
5
comentarios