Hace tiempo que no publico nada... espero que os guste. La primera parte fue un regalo... la segunda... mi réplica.
(Primero tú...)
Llegas a la entrada de la dirección que te dí con una mezcla de excitación e inseguridad que hace que se te encoja el estomago.
Es la primera vez que nos encontramos y no estas segura de si será como esperas. La puerta está abierta y entras. La luz es suave, tenue, apenas te da para ver el mueble de la entrada donde dejas tu bolso y tras atravesar un corto pasillo te dirijes a la única puerta que ves abierta. Entras en una habitación que está levemente iluminada donde puedes ver una gran cama que casi la ocupa por completo.
Una mesilla y varias velas repartidas por la habitación es todo lo que ves. Te extrañas pues esperabas verme alli.
- ¿Hola? ¿Dónde est...-
- ...aqui... -
te interrumpes al sentir mis manos sujetarte por la cintura, el corazón se te desboca en el pecho y te giras para enfrentarte a mi, con una replica en los labios. Al quedarte frente a mi sientes como te atraigo mas a mi cuerpo, sientes tus pechos pegados a mi torso desnudo, el calor que despide mi cuerpo .
- Eres un idiota... casi me mat.. -
Esta vez son mis labios en los tuyos los que acallan tus quejas. Sientes mi lengua recorrerlos e inconscientemente entreabres la boca para que tu lengua se junte con la mia. Mis manos recorren tu espalda y mi boca se desliza hasta tu cuello. Eso hace que se te erize la piel y que cualquier reproche se pierda en tu involuntario gemido.
Me incorporo y entonces te das cuenta de que llevo vendados los ojos.
- ¿ Pero qué haces ? -
tu tono ahora es divertido, curioso. Yo sonrio y te pongo un dedo en los labios y tú pasas levemente tu lengua por él.
Sin verte recorro tu cara con mis manos, acaricio tu cuello y tú, desde la ventaja que te da tu ilimitada visión, acaricias mi torso y mis hombros mientras notas como mis manos desabrochan despacio los botones de tu blusa. Dejo caer la prenda al suelo y ahora me coloco detrás de ti, acariciando tu vientre y besando tus hombros, haciendo que las tiras del sujetador caigan por tus brazos con mis labios.
Mis manos se deslizan para desabrochar el pantalón y mi boca te susurra despacio en la oreja.
- quiero sentirte asi.. sin verte... relajate... -
Con un rapido movimiento te quito el sujetador, quedando tus pechos al aire, tus pezones erizados por la creciente excitación.
Me agacho y te quito los zapatos, desde detrás de ti te bajo el pantalón y me giro acariciandote las piernas. Te llevo hasta la cama y te tumbo en ella.
Comienzo a acariciarte la cara tan sólo con la yema de mis dedos, bajo por tu cuello, recorro tus hombros, explorando, reconociendo.
Cuando mis manos se acercan a tus pechos sientes mis labios recorrer el mismo camino que han hecho antes mis manos, cuando mis dedos llegan a tus pezones mis labios se cierran sobre tu cuello y mi lengua lo recorre. Gimes de excitacion y te retuerces debajo de mi. Tus manos se aferran a mi espalda y la recorres con las uñas. Bajas las manos hasta mi pantalon y lo comienzas a desabrochar, pero antes de que vayas más allá me he alejado de ti y vuelvo a explorar tu piel con mis manos y mis labios.
Recorro la circunferencia de tu ombligo con la lengua mientras mis manos acarician tus caderas y juegan con las tiras del tanga.
Por fin las deslizo hacia abajo, tu me ayudas arquendo el cuerpo para librarte del ultimo vestigio de ropa que te queda.
Lo dejo caer a un lado y ahora es la boca la que toma la iniciativa. Recorro la parte interna de tus muslos, besandola, haciendo circulos cada vez más cercanos. Puedo sentir tu mirada y tu creciente excitación por tus gemidos y tu respiración.
Mueves las caderas cuando recorro tus inlges, cerca de tu sexo pero aún sin tocarlo, beso tu monte de venus, dejo mi boca cerca de tu sexo, haciendo que sientas mi aliento, disfrutando de tu olor, sintiendo el calor que despides. Y entonces lo hago, comienzo a lamer tu sexo, los labios externos se abren para facilitarme el acceso a la vagina y mi lengua se dedica a la busqueda de tu clítoris. Cuando lo encuentro das un respingo. Tus manos se cierran sobre mi pelo y me atraes aún más a ti. Mis manos acarician tu vientre, tus pechos, mientras mi lengua se dedica a torturarte. Siento como todo tu cuerpo se tensa, aumento el ritmo y comienzas a tener un orgasmo. Tu cuerpo se contrae y se relaja con pequeños espasmos. Gritas de placer derramándote en mis labios, sientes mi gemido de lujuria en tu interior.
Me quedo unos momentos más con la boca en tu sexo, dandole pequeños besos mientras recuperas la calma. Subo acariciandote y me recuesto a tu lado, sonriendo.
Tu me miras y me besas una vez más y cuando haces ademán de quitarme la venda te dentengo.
- No.. aún no... -
Volvemos a besarnos.
Ries divertida..
- Ahora me toca a mi - me dices con sonrisa pícara...
(Ahora yo...)
Tú aún con la venda en tus ojos te tumbas boca abajo siguiendo mis instrucciones. Te pido con voz suave que te relajes y me siento sobre ti a horcajadas, a la altura de tu cintura. He encontrado un bote de aceite en el baño y tomo una generosa cantidad con mis manos, calentándolo con mi aliento y lo extiendo por tus hombros, por tu espalda....sientes la firmeza y la suavidad de mis manos deslizándose y dejas escapar un profundo suspiro... relajas tu cabeza sobre la almohada, tus brazos cruzados por debajo de ésta y me dejas hacer... mis dedos se deslizan siguiendo las líneas de los músculos de tu espalda, de vez en cuando siguiendo con la ligereza de un soplo la línea que marcan tus omoplatos, tus costillas, tu columna... no soy masajista pero algo he aprendido por ahí... sé como arrancarte suspiros de placer, cómo hacer que te relajes, cómo hacer que tengas ganas de darte la vuelta y rodearme con tus brazos pero no te dejaré... aún no.
Trabajo en tus costados, te hago cosquillas y te ríes, trazo circulitos con mis dedos y después soplo sobre ellos y te provoco un escalofrío. Puedo ver claramente cómo se eriza el vello de tu nuca desde mi posición... y de pronto paro, me quedo quieta unos instantes, juego a desconcertarte, veo cómo arqueas una ceja y tratas de girar la cabeza y apartar la venda de tus ojos para curiosear lo que hago pero no te dejo, te acaricio el pelo con suavidad pero también firmeza para que no puedas girarte más y te sonrío.
Te estoy preparando una sorpresa, pensando cómo hacer...... las caricias recomienzan pero esta vez sientes mis dedos en la parte trasera de tus muslos, en tus corvas... tengo la espalda totalmente arqueada hacia atrás, manteniendo el equilibrio en una postura casi imposible. Ahora sí giras la cabeza, preguntándote cómo es posible que desde donde estoy sentada aún sobre tu cintura y casi sobre tus gluteos pueda estar acariciando tus tobillos y las plantas de tus pies. Me ves con las rodillas apoyadas a ambos lados de la cama y recostada hacia atrás, sin apoyarme del todo, ves los músculos de mis piernas y de mi vientre totalmente tensos, sosteniendo todo el peso de mi cuerpo, divisas mis pechos firmes y mis pezones arrogantes enfrentándose al techo de la habitación. Te dejo contemplarme, sé que me deseas tanto como yo a tí, me gusta que me observes desnuda y me desees... sientes el calor de mi cuerpo justo en la confluencia del final de tu espalda, tu cintura, tu trasero, sientes la humedad y sé que no puedes más pero te hago sufrir aún un poco más, tumbado boca abajo con tu deseo deseando expresarse libre... vuelvo a subir despacio, sin usar las manos que utilizo para acariciarte en mi viaje de vuelta hasta que recupero la verticalidad sonriéndote y retomo mis caricias por tu espalda... te haré esperar un poquito más aún... te haré desearme con locura hasta que el único pensamiento que pulule en tu cerebro sea poseerme, hacerme tuya, entregarte a mí, te miro, sonrío y me muerdo el labio inferior y me tumbo sobre tu espalda impregnándome del aceite que antes extendí por ella y de tu olor y de tu deseo que es también el mío.
Me levanto ligeramente y me aparto a un lado para permitirte darte la vuelta aún con la venda en tus ojos y veo tu excitación en su máximo grado. Deseo saborear y oler y tocar... sigo con mi masaje improvisado, esta vez sobre tus pectorales. Te beso suavemente los labios pero rehúyo un beso más profundo. Te he vuelto a colocar bien la venda de los ojos y jugueteo con tu boca. Paso mi lengua por tus labios pero cuando los abres y tu lengua asoma me aparto y beso el lóbulo de tu oreja. Te veo sonreír y me encanta, mientras he empezado a frotarme contra tí.
Suavemente al principio... con intensidad in crescendo y parando de nuevo para controlar a mi gusto tu excitación y la mía... podría hacer que esto durara horas y el juego fuera más excitante aún que el ansiado orgasmo final que sabes, a estas alturas, será algo grandioso.
Finalmente me permito bajar y juguetear con mi lengua en tu glande, arrancándote un suspiro al tiempo que una descarga en tu columna... me gusta causarte sensaciones tan intensas con tan poco. ¿cómo será cuando te tenga dentro de mi? La verdad, creo que no podría esperar mucho más... bajo mi lengua por toda la longitud de tu miembro y te miro aunque sé que tú no puedes verlo, lo sientes, estás entregado a tu placer y aunque sabes que podrías terminar ahí mismo, que te gustaría que fuera mi boca la que arrancara un grito de placer y toda la fuerza de tu deseo prefieres sentirme.
Hace horas, días, que imaginas cómo sería estar unidos totalmente, estar dentro de mi, como hace horas y días que yo deseo sentirte dentro. No quiero esperar más, llevo mi dedo índice a tus labios mientras sigo acariciándote suavemente con los míos. Te estremeces adivinando lo que está por llegar, con tu dedo húmedo separo mis labios y me dejo caer sobre tí, con suavidad... no hace falta ningún esfuerzo. Se diría que estás hecho a mi medida y yo me muevo poco a poco, subo, bajo, me froto contra tí, acelero el ritmo y cuando siento que te aceleras tú yo freno... sabes que estás en mis manos y te dejas llevar.
No puedo evitar gemir, no me importan los vecinos, hace tiempo que me he olvidado de todo el mundo fuera de las paredes de tu habitación.... me abandono al placer y te siento crecer, te siento duro y firme y siento que el final está cerca... tus manos han llegado a mis caderas y como si de intuición se tratase, acarician mis gluteos duros, los separan, juegan con ellos. Me froto contra tí y me oyes gemir, ya son casi gritos tuyos y míos los que se mezclan en el silencio de la habitación y de pronto sé que he tocado el cielo con los dedos, mi pecho se desploma sobre el tuyo, siento cómo me llenas y siento cómo te inundo con nuestros respectivos fluídos y me abrazas con fuerza...
...Quisiera venir a verte para disfrutarlo cada noche, colarme en tus sueños y dejar que tú puebles los míos...
Ariadna ya ha penado y sufrido suficiente, Ariadna se ha encerrado en una isla rodeada por sus propias lágrimas durante demasiado tiempo... pero el sol vuelve a acariciar estas orillas con cálidos susurros. Tengo un hilo mágico y dorado y he decidido darle nuevos usos. ¿Te atreves a perderte en el laberinto? ¿Confías en mí?
6/4/08
7/12/07
A través del espejo...
Ella...
Tras un largo e intenso mes en el que Alicia me tenía casi exclavizada para su placer y yo me dejaba exclavizar sin poner objección alguna, un día, sus habituales mensajes en mi teléfono móvil se transformaron en una llamada.
Me sorprendió y casi incluso me alarmó pero al contestar, su dulce voz que no era aguda y femenina sino más bien grave me preguntó con el tono interrogativo de quién ya ha decidido lo que quiere hacer:
- Querida, ¿no te gustaría salir juntas a tomar una copa? Llevamos todo el mes retozando en casa y empiezan a salirnos manchas de moho.
Mi sorpresa fue mayúscula y me quedé sin habla. Me dió terror imaginarme la escena, imaginarnos besándonos en un bar de copas atestado de gente, un jueves por la noche. Encontrarme algún conocido o conocida, parece que salen de debajo de las piedras cuando quieres pasar desapercibid@.
- Te ocurre algo, tesoro?
- Ufff, no sé Alicia, no me esperaba esto, no sé cómo reaccionar. No te ofendas pero... ¿dónde iríamos? No me apetece que me vea nadie conocido besando a otra mujer. No me siento preparada para ello.
- Tranquila, a mí tampoco me conviene pero hay un pub de unos amigos, una fiesta semiprivada, muchos hombres... ¿no te gustaría compartir un hombre? ¿no los echas de menos?
Por mi mente pasó de todo, sí, los echaba de menos, quizá, aunque en parte me había olvidado de su existencia durante todo un mes, al menos el concepto de hombre como compañero sexual, tenía una sensación extraña. ¿Compartir un hombre?¿en qué estaba pensando? Ella continuó a través de las ondas sonoras...
- Mira tesoro, no se hable más. Me parece una fantasía excitante. Yo he estado con pocos hombres pero creo que me gustará ver cómo te folla uno y a él le volverá loco vernos a nosotras.
Mi dulce Alicia habia pasado de ser una gatita mimosa y dulce a una mujer con un carácter de hierro en un lapso de tiempo que a mí me pareció físicamente imposible y quizá fue eso lo que me excitó más. Me excitaba también la idea de besarme con ella ante los ojos de un hombre, de exhibirme, de mirarle a él mientras me la comía a ella, de mirarla a ella mientras le devoraba a él... y entonces salimos... "a la caza del hombre".
ÉL...
Llegamos a un pub muy recogido pero fuera de la zona de influencia de Chueca. No buscábamos gays ni pretendíamos dar la nota aunque nada más entrar debimos llamar la atención de todo el personal. Me había prometido ser discreta hasta que yo decidiera lo contrario, no besarnos, no tocarnos a ojos de los demás y divertirnos mucho.
La barra de aquel bar era todo un escaparate y fuimos avanzando por ella como quién va a un muestrario de ropa y va pasando las perchas, los modelitos, hasta que encuentra el que le gusta y yo encontré el mío porque al parecer, a ella le daba igual quién ni como fuese.
Alicia se mostraba más bien expectante y curiosa intentando adivinar qué tipo de hombre me gustaba más. Ellos, por su parte, a ella se la comían con los ojos, con su boina calada de lado, sus cabellos negros por la barbilla y un vestidito tipo "Charlestón", hasta la rodilla y con flecos en la parte inferior y botas altas de tela negra y con tacón... lucía una imagen singular y a mis ojos, magnética y en un momento, cuando se sentó y cruzó las piernas mientras me miraba a los ojos con una sensualidad que no pude soportar, giré la cabeza para recuperar la compostura y ante mis ojos apareció ÉL.
Él me hizo volver a aterrizar y comportarme dignamente sin parecer una chiquilla. Muy en mi línea, como los hombres que habitualmente me han llamado la atención y han llegado a convertirse en mis parejas, era muy alto y muy ancho. Se diría que pasaba horas enteras en un gimnasio pero había un brillo en su mirada y su postura, totalmente abierta hacia mí, sin reservas, sin tapujos, sin parapetos... como diciendo "aquí estoy nena, llevo toda la noche esperándote" y esa franca sonrisa que me desarmó. Me atrajo desde el primer momento y le dediqué la mejor de mis sonrisas y Alicia decidió por sí misma perderse por el bar sola para dejarme charlar con él. Esa mujer tiene un sexto sentido o ahí habían saltado chispas como si dos trenes hubiesen frenado en seco justo en el instante antes de chocar... quizá en ese momento fue más de lo segundo.
Me preguntó si quería una copa y le dije que sí. "Un Mojito, por favor"... así tardarían un poquito en prepararlo. Yo me preguntaba cómo podía tener a ese hombre enfrente de mí, mirándome de esa manera, y estar tan tranquila, pero lo estaba. En parte me turbaba informarle de las verdaderas intenciones de Alicia pero la conversación fluyó libre entre nosotros y a la mitad de ésta su mano se posó sobre mi mejilla, sus dedos rodearon mi barbilla y él se inclinó a besarme.
El triángulo...
Apenas 30 minutos después, y con la mayor naturalidad del mundo, estábamos desnudos los tres en el dormitorio principal de Alicia y ella nos observaba a veces, besarnos y recorrer nuestros cuerpos, a veces me besaba ella y me recorría como sólo sabía hacer mientras él observaba al margen de la situación y yo me sentía en una especie de dulce tensión entre los dos, como si ambos pelearan por mi, como si se disputaran una presa.
Los besos de él me embriagaban pero la sensación se acrecentaba con la lengua y los dedos de ella sobre mi piel, recorriendo mis blancos muslos y antes de que nadie hubiera penetrado a nadie casi se hacía de día...
Él tiene unas manos enormes y con ellas recorría palmo a palmo mi escasa geografía, con su boca se aseguraba de no haber dejado un sólo espacio libre y mientras tanto, los labios de Alicia se fundían con los míos... no sé si ellos llegaron a besarse en algún momento pero en un momento de la noche yo tenía los ojos cerrados y estaba abandonada al placer cuando sentí algo muy fuerte y duro abrirse paso, despacio, muy despacio en mi interior, hacerme convulsionar casi y arquear mi espalda. Todo lo que tenía de grande lo tenía de tierno, no sentí el menor dolor. Sólo sus brazos cerrándose alrededor de mí, solo placer, sólo deseo que llamaba a más deseo, y las miradas cómplices de ella, y sus dedos que hábilmente habían jugado conmigo tantas veces antes. Hicimos el amor en todas las posturas imaginables y follamos como sólo dos animales podrían hacerlo, yo me sentía borracha de caricias y besos y no daba abasto a satisfacerlos y cuando por fin, los tres acabamos agotados...
...llegué a observar de soslayo a Alicia mirándonos, sonriendo. Parecía feliz y eso me llenaba de felicidad a mi porque su iniciativa estaba resultando uno de los momentos más dulces y placenteros que haya experimentado en toda mi vida.
FIN
Tras un largo e intenso mes en el que Alicia me tenía casi exclavizada para su placer y yo me dejaba exclavizar sin poner objección alguna, un día, sus habituales mensajes en mi teléfono móvil se transformaron en una llamada.
Me sorprendió y casi incluso me alarmó pero al contestar, su dulce voz que no era aguda y femenina sino más bien grave me preguntó con el tono interrogativo de quién ya ha decidido lo que quiere hacer:
- Querida, ¿no te gustaría salir juntas a tomar una copa? Llevamos todo el mes retozando en casa y empiezan a salirnos manchas de moho.
Mi sorpresa fue mayúscula y me quedé sin habla. Me dió terror imaginarme la escena, imaginarnos besándonos en un bar de copas atestado de gente, un jueves por la noche. Encontrarme algún conocido o conocida, parece que salen de debajo de las piedras cuando quieres pasar desapercibid@.
- Te ocurre algo, tesoro?
- Ufff, no sé Alicia, no me esperaba esto, no sé cómo reaccionar. No te ofendas pero... ¿dónde iríamos? No me apetece que me vea nadie conocido besando a otra mujer. No me siento preparada para ello.
- Tranquila, a mí tampoco me conviene pero hay un pub de unos amigos, una fiesta semiprivada, muchos hombres... ¿no te gustaría compartir un hombre? ¿no los echas de menos?
Por mi mente pasó de todo, sí, los echaba de menos, quizá, aunque en parte me había olvidado de su existencia durante todo un mes, al menos el concepto de hombre como compañero sexual, tenía una sensación extraña. ¿Compartir un hombre?¿en qué estaba pensando? Ella continuó a través de las ondas sonoras...
- Mira tesoro, no se hable más. Me parece una fantasía excitante. Yo he estado con pocos hombres pero creo que me gustará ver cómo te folla uno y a él le volverá loco vernos a nosotras.
Mi dulce Alicia habia pasado de ser una gatita mimosa y dulce a una mujer con un carácter de hierro en un lapso de tiempo que a mí me pareció físicamente imposible y quizá fue eso lo que me excitó más. Me excitaba también la idea de besarme con ella ante los ojos de un hombre, de exhibirme, de mirarle a él mientras me la comía a ella, de mirarla a ella mientras le devoraba a él... y entonces salimos... "a la caza del hombre".
ÉL...
Llegamos a un pub muy recogido pero fuera de la zona de influencia de Chueca. No buscábamos gays ni pretendíamos dar la nota aunque nada más entrar debimos llamar la atención de todo el personal. Me había prometido ser discreta hasta que yo decidiera lo contrario, no besarnos, no tocarnos a ojos de los demás y divertirnos mucho.
La barra de aquel bar era todo un escaparate y fuimos avanzando por ella como quién va a un muestrario de ropa y va pasando las perchas, los modelitos, hasta que encuentra el que le gusta y yo encontré el mío porque al parecer, a ella le daba igual quién ni como fuese.
Alicia se mostraba más bien expectante y curiosa intentando adivinar qué tipo de hombre me gustaba más. Ellos, por su parte, a ella se la comían con los ojos, con su boina calada de lado, sus cabellos negros por la barbilla y un vestidito tipo "Charlestón", hasta la rodilla y con flecos en la parte inferior y botas altas de tela negra y con tacón... lucía una imagen singular y a mis ojos, magnética y en un momento, cuando se sentó y cruzó las piernas mientras me miraba a los ojos con una sensualidad que no pude soportar, giré la cabeza para recuperar la compostura y ante mis ojos apareció ÉL.
Él me hizo volver a aterrizar y comportarme dignamente sin parecer una chiquilla. Muy en mi línea, como los hombres que habitualmente me han llamado la atención y han llegado a convertirse en mis parejas, era muy alto y muy ancho. Se diría que pasaba horas enteras en un gimnasio pero había un brillo en su mirada y su postura, totalmente abierta hacia mí, sin reservas, sin tapujos, sin parapetos... como diciendo "aquí estoy nena, llevo toda la noche esperándote" y esa franca sonrisa que me desarmó. Me atrajo desde el primer momento y le dediqué la mejor de mis sonrisas y Alicia decidió por sí misma perderse por el bar sola para dejarme charlar con él. Esa mujer tiene un sexto sentido o ahí habían saltado chispas como si dos trenes hubiesen frenado en seco justo en el instante antes de chocar... quizá en ese momento fue más de lo segundo.
Me preguntó si quería una copa y le dije que sí. "Un Mojito, por favor"... así tardarían un poquito en prepararlo. Yo me preguntaba cómo podía tener a ese hombre enfrente de mí, mirándome de esa manera, y estar tan tranquila, pero lo estaba. En parte me turbaba informarle de las verdaderas intenciones de Alicia pero la conversación fluyó libre entre nosotros y a la mitad de ésta su mano se posó sobre mi mejilla, sus dedos rodearon mi barbilla y él se inclinó a besarme.
El triángulo...
Apenas 30 minutos después, y con la mayor naturalidad del mundo, estábamos desnudos los tres en el dormitorio principal de Alicia y ella nos observaba a veces, besarnos y recorrer nuestros cuerpos, a veces me besaba ella y me recorría como sólo sabía hacer mientras él observaba al margen de la situación y yo me sentía en una especie de dulce tensión entre los dos, como si ambos pelearan por mi, como si se disputaran una presa.
Los besos de él me embriagaban pero la sensación se acrecentaba con la lengua y los dedos de ella sobre mi piel, recorriendo mis blancos muslos y antes de que nadie hubiera penetrado a nadie casi se hacía de día...
Él tiene unas manos enormes y con ellas recorría palmo a palmo mi escasa geografía, con su boca se aseguraba de no haber dejado un sólo espacio libre y mientras tanto, los labios de Alicia se fundían con los míos... no sé si ellos llegaron a besarse en algún momento pero en un momento de la noche yo tenía los ojos cerrados y estaba abandonada al placer cuando sentí algo muy fuerte y duro abrirse paso, despacio, muy despacio en mi interior, hacerme convulsionar casi y arquear mi espalda. Todo lo que tenía de grande lo tenía de tierno, no sentí el menor dolor. Sólo sus brazos cerrándose alrededor de mí, solo placer, sólo deseo que llamaba a más deseo, y las miradas cómplices de ella, y sus dedos que hábilmente habían jugado conmigo tantas veces antes. Hicimos el amor en todas las posturas imaginables y follamos como sólo dos animales podrían hacerlo, yo me sentía borracha de caricias y besos y no daba abasto a satisfacerlos y cuando por fin, los tres acabamos agotados...
...llegué a observar de soslayo a Alicia mirándonos, sonriendo. Parecía feliz y eso me llenaba de felicidad a mi porque su iniciativa estaba resultando uno de los momentos más dulces y placenteros que haya experimentado en toda mi vida.
FIN
27/10/07
En el País de las Maravillas...
Como Alicia, caí en la madriguera y a partir de ahí todo fue magia.
Alicia pasó de ser dulce a ser apasionada y con su lengua, tan pronto hubo cerrado la puerta de su apartamento tras de sí, recorrió mi boca, recorrió mis labios y con sus labios, sin apenas tocarme... recorrió mi cara. Me hizo sentir un escalofrío que me erizó el vello de todo el cuerpo.
Alicia se me antojaba bellísima y allí, en su casa, decorada con tanta exquisitez y buen gusto como sencillez, como la esencia misma de la personalidad que dejaba translucir, me abandoné a mis sentidos, a mis deseos, abandoné mis prejuicios, mis miedos y me olvidé del mundo.
Su boca era muy húmeda y con su humedad llenó la mía que, traicionada por la emoción se había desertizado. Sus ojos profundamente verdes me miraban un segundo, clavándose en los míos, y se cerraban al instante siguiente cuando sus manos pasaban, la una de mis hombros a mi cintura y la otra a recorrer y enredarse por mis cabellos largos, rizados y castaños, ligeramente cobrizos.
Estaba perdida, estaba en sus manos, definitivamente abandonada a su deseo y me dejé llevar, sin pensarlo más. Esa noche volví a ser virgen, olvidé cualquier emoción que cualquiera de los hombres que me han disfrutado y a los que he disfrutado me hubieran proporcionado jamás. Sabemos que las comparaciones son odiosas, un tópico tan manido como cualquier otro pero allí no había espacio para la comparación. Cada una de esas emociones era nueva y me provocaba un calambrazo que me sacudía el alma.
Comenzó a desnudarme, me subió la camiseta y me la quitó y sus labios que antes me besaban, que tanteaban mis labios, que paseaban por mi rostro sin rozarlo pero haciéndome sentir su calor, aquellos labios suaves y rosados, naturales y carnosos, sin apenas respirar recorrían mi suave y blanca piel. Es cierto, me tenía hechizada, con aquella pócima que quizá hubiera vertido en mi bebida me tenía a sus pies, con el brillo esmeralda de sus ojos doblegaba mi voluntad... y parecía, al tiempo, tan frágil que yo, que siempre tuve cierta predisposición a tomar las riendas de mi vida me convertí en un ser sumiso, entregado, visceral y dispuesto a acatar su voluntad durante el tiempo que pasara en aquel apartamento.
Las paredes de todo el apartamento eran blancas, apenas había cuadros y los que había eran carteles de cine en blanco y negro, o en colores neutros que rompían delicadamente la blancura que la rodeaba. Alicia era una mitómana. Adoraba a Audrey y a Marilyn y a Bogart y a tantos y tantos ídolos de los años glamourosos del cine.
No había puertas entre habitaciones y el apartamento no era muy grande pero la entrada del dormitorio era un arco perfecto en la pared. En el medio del salón un sofá de piel negro y la ausencia total de televisión pero no de un proyector y una pantalla blanca en la pared.
Todo aquello lo pude admirar al final, después de tantos besos y caricias, abrazos, después de tanto explorar nuestros sentidos, de recorrernos con los ojos los senderos que después recorreríamos con las lenguas, de vendarnos los ojos mutuamente con pañuelos de seda para recorrernos a ciegas, viendonos con las yemas de los dedos, de notar el sabor salado de nuestra piel y enredarnos en un amasijo de brazos y piernas que se retuercen...
Después de todo aquello no hubo un adiós princesa, después se sucedieron noches de abandonarnos, de abandonar el mundo y entregarnos a nuestras pasiones.
Aquella noche, su pasión desmedida me desnudó sin pausa, con ansiedad, sus dientes pellizcaban mi carne y sus uñas hacían dibujitos en la cara interna de mis muslos que temporalmente palidecían para volver a su color en unos segundos, su lengua iba jugando sin orden, imagino que con el único propósito de despistar, acercándose para, en un instante, alejarse de nuevo.
Me entregué con tal deseo que en sus manos era arcilla, me moldeaba y me giraba y jugaba a su antojo conmigo y me sentía como aquellas muñecas a las que, de niñas, nos entreteníamos poniéndo y quitando sus vestiditos....
De nada serviría relataros cualquier emoción que me procurara pero sé que ella fue dichosa también por tenerme entre sus brazos, ... entre sus piernas, entre sus pies... en todas las posturas posibles porque a aquella noche le sucedió otra y otra más y siempre un mensaje suyo en mi teléfono encendía la llama que no me permitía, a pesar de cualquier esfuerzo por mi parte, ignorarla, evitarla, no desearla...
Continuará...
Alicia pasó de ser dulce a ser apasionada y con su lengua, tan pronto hubo cerrado la puerta de su apartamento tras de sí, recorrió mi boca, recorrió mis labios y con sus labios, sin apenas tocarme... recorrió mi cara. Me hizo sentir un escalofrío que me erizó el vello de todo el cuerpo.
Alicia se me antojaba bellísima y allí, en su casa, decorada con tanta exquisitez y buen gusto como sencillez, como la esencia misma de la personalidad que dejaba translucir, me abandoné a mis sentidos, a mis deseos, abandoné mis prejuicios, mis miedos y me olvidé del mundo.
Su boca era muy húmeda y con su humedad llenó la mía que, traicionada por la emoción se había desertizado. Sus ojos profundamente verdes me miraban un segundo, clavándose en los míos, y se cerraban al instante siguiente cuando sus manos pasaban, la una de mis hombros a mi cintura y la otra a recorrer y enredarse por mis cabellos largos, rizados y castaños, ligeramente cobrizos.
Estaba perdida, estaba en sus manos, definitivamente abandonada a su deseo y me dejé llevar, sin pensarlo más. Esa noche volví a ser virgen, olvidé cualquier emoción que cualquiera de los hombres que me han disfrutado y a los que he disfrutado me hubieran proporcionado jamás. Sabemos que las comparaciones son odiosas, un tópico tan manido como cualquier otro pero allí no había espacio para la comparación. Cada una de esas emociones era nueva y me provocaba un calambrazo que me sacudía el alma.
Comenzó a desnudarme, me subió la camiseta y me la quitó y sus labios que antes me besaban, que tanteaban mis labios, que paseaban por mi rostro sin rozarlo pero haciéndome sentir su calor, aquellos labios suaves y rosados, naturales y carnosos, sin apenas respirar recorrían mi suave y blanca piel. Es cierto, me tenía hechizada, con aquella pócima que quizá hubiera vertido en mi bebida me tenía a sus pies, con el brillo esmeralda de sus ojos doblegaba mi voluntad... y parecía, al tiempo, tan frágil que yo, que siempre tuve cierta predisposición a tomar las riendas de mi vida me convertí en un ser sumiso, entregado, visceral y dispuesto a acatar su voluntad durante el tiempo que pasara en aquel apartamento.
Las paredes de todo el apartamento eran blancas, apenas había cuadros y los que había eran carteles de cine en blanco y negro, o en colores neutros que rompían delicadamente la blancura que la rodeaba. Alicia era una mitómana. Adoraba a Audrey y a Marilyn y a Bogart y a tantos y tantos ídolos de los años glamourosos del cine.
No había puertas entre habitaciones y el apartamento no era muy grande pero la entrada del dormitorio era un arco perfecto en la pared. En el medio del salón un sofá de piel negro y la ausencia total de televisión pero no de un proyector y una pantalla blanca en la pared.
Todo aquello lo pude admirar al final, después de tantos besos y caricias, abrazos, después de tanto explorar nuestros sentidos, de recorrernos con los ojos los senderos que después recorreríamos con las lenguas, de vendarnos los ojos mutuamente con pañuelos de seda para recorrernos a ciegas, viendonos con las yemas de los dedos, de notar el sabor salado de nuestra piel y enredarnos en un amasijo de brazos y piernas que se retuercen...
Después de todo aquello no hubo un adiós princesa, después se sucedieron noches de abandonarnos, de abandonar el mundo y entregarnos a nuestras pasiones.
Aquella noche, su pasión desmedida me desnudó sin pausa, con ansiedad, sus dientes pellizcaban mi carne y sus uñas hacían dibujitos en la cara interna de mis muslos que temporalmente palidecían para volver a su color en unos segundos, su lengua iba jugando sin orden, imagino que con el único propósito de despistar, acercándose para, en un instante, alejarse de nuevo.
Me entregué con tal deseo que en sus manos era arcilla, me moldeaba y me giraba y jugaba a su antojo conmigo y me sentía como aquellas muñecas a las que, de niñas, nos entreteníamos poniéndo y quitando sus vestiditos....
De nada serviría relataros cualquier emoción que me procurara pero sé que ella fue dichosa también por tenerme entre sus brazos, ... entre sus piernas, entre sus pies... en todas las posturas posibles porque a aquella noche le sucedió otra y otra más y siempre un mensaje suyo en mi teléfono encendía la llama que no me permitía, a pesar de cualquier esfuerzo por mi parte, ignorarla, evitarla, no desearla...
Continuará...
20/10/07
En busca del País de las Maravillas...
Ya hace algún tiempo que no escribía pero una persona a la que conocí recientemente accedió a mi reto y me propuso un tema para un nuevo relato así que allá va...
Primera parte...
Alicia era la criatura más dulce que haya podido encontrarme jamás y al mismo tiempo tiene ese halo que atrae, que seduce a todo aquel que se encuentra, que rompe tus esquemas y te sorprende a cada momento porque nunca sabes si la próxima será la de cal...
Alicia me sedujo incluso a mí y me transportó directamente al País de las Maravillas, con aquella pócima misteriosa que, quizá dejó caer en mi bebida sin que yo me diera cuenta porque estaba como embobada mirando aquellos ojos verdes, misteriosos, traidores quizá... cristalinos como el mar en la Costa Azul.
Tenía una conversación inteligente y agradable y me gustaba estar en su compañía. Un cabello negro y lacio que brillaba como un espejo hasta posarse suavemente sobre sus hombros y pulseritas que tintineaban cada vez que movía sus manos, cosa que hacía con frecuencia.
Era una muchacha muy expresiva y simpática aunque de pronto se volvía tímida, te miraba a los ojos y acto seguido apartaba la mirada, visiblemente ruborizada.
Aquella noche la sorprendí más de una vez mirándome de soslayo, en una cena que dos compañeros de trabajo organizaron exclusivamente para solter@s y en la que no estaba permitido, bajo ningún concepto llevar pareja. Era la primera vez que acudía a un evento de este tipo con compañeros de trabajo pues, por lo general, no me gusta mezclar el trabajo con mi vida privada ni dejar traslucir esa parte íntima de mi vida a las personas con las que comparto mi hora de comida o mi café de media mañana pero ese día me había propuesto ser "buenecita", salir, tomar unas cervezas, unas risas y volver a casa... ingenua de mi...
Mi compañera en cuestión de 5 minutos ya me había integrado absolutamente en su grupo de amigos y conocidos que no era precisamente pequeño y entre ellos estaba Alicia. Me sonrió un instante después de darme un beso en la mejilla y rozarme levemente el hombro con sus dedos y me mostró una hilera perfecta de perlas que contrastaban con su piel morena. Me enamoré en ese mismo instante y el resto de la cena fue una continua pelea conmigo misma para quitarle la vista de encima de vez en cuando y atender a otras conversaciones...
Creo que mi compañera de trabajo se percató de ello y las ví cuchichear algo que ni siquiera llegué a leer en sus labios pero ellas me miraron y se sonrieron y me sonrieron a mí y mis defensas cayeron automáticamente volviendo a alzarse instantes después. Demasiado tarde... ambas venían a por mí ofreciéndome una bebida y nos apartamos un poco, charlando de temas triviales, su mano fue deslizándose por mi espalda lentamente y mi compañera se dió perfecta cuenta porque la imitó, provocándome entre ambas un escalofrío que me cortó el habla.
Después de la cena fuimos todos de copas a bares y pubs oscuros. Mi compañera, que hasta ahora nunca se hubiera percatado de que pudieran gustarme las mujeres, ni siquiera yo estaba segura de ello, había captado en mis ojos el resplandor de la excitación al ver a su amiga e hizo lo posible, con no poca mala intención, para provocar un encuentro más intenso entre Alicia y yo. En un momento pensé que incluso ella llegaría a unirse a la fiesta en algún momento.
....
Dos cervezas más tarde Alicia y yo bailábamos muy pegadas, no sé si en algún momento fuimos el centro de atención del grupo porque ella tiene un cuerpo precioso y, por lo general, a mí tampoco me importa presumir un poco del mío. Notaba que mi compañera, Helena, nos observaba con una sonrisa traviesa y el temor a lo que pudiera decir el lunes en la oficina se mezcló con el morbo de la situación, de ser la primera mujer a la que deseara besar, recorrer con mis manos, acariciar, devorar...
Unos minutos después, Helena ocupó el lugar de Alicia, a la voz de "me prestas un ratito a Ari" me tomó de la mano y empezó a bailar conmigo... uffff, aquella mujer con la que comparto varias horas cada día, con la que me río, con la que cotilleo y con la que bromeo me rodeaba con sus brazos y llegado ese momento yo ya no sabía lo que sentía exactamente. Me dijo al oído con una voz sensual que nunca le hubiera imaginado antes "¿verdad que es adorable? Mírala, no puede apartarte la vista de encima, no desaproveches la ocasión, te dará el placer que nunca antes ningún hombre te ha dado" e inmediatamente después depositó un suave beso en mi mejilla y me dijo "ve con ella, pero ve aparte, donde nadie os conozca y os podáis sentir a gusto".
En ese momento no sabía si era una marioneta en manos de las dos, si Helena de verdad deseaba provocar ese encuentro, si aunque nunca hubiera salido antes el tema se percataba de que pudieran atraerme las mujeres... pero no me importaba ser marioneta en manos de Alicia, la tomé de la mano y me la llevé fuera donde pudimos, al fin, besarnos sin preguntarnos quién pudiera vernos....
Helena nos observaba desde la puerta con una sonrisa y cuando nos vió irnos, con las cinturas entrelazadas volvió a entrar al Pub.
...
Alicia vivía sola, debiá tener unos 10 años más que yo y era preciosa y excitante, con ese encanto que pueda tener una mujer que ya ha vivido varias experiencias y sabe exactamente lo que quiere.
En el ascensor de su casa me dió el aperitivo, metió suavemente la mano entre mi cintura y la cintura de mi pantalón, no sé como pudo llegar a hacerlo, pues estaban realmente ceñidos, sin sentir la más mínima violencia en su gesto pero me provocó una de las primeras más intensas sensaciones que hubiera podido tener hasta el momento...
Continuará....
Primera parte...
Alicia era la criatura más dulce que haya podido encontrarme jamás y al mismo tiempo tiene ese halo que atrae, que seduce a todo aquel que se encuentra, que rompe tus esquemas y te sorprende a cada momento porque nunca sabes si la próxima será la de cal...
Alicia me sedujo incluso a mí y me transportó directamente al País de las Maravillas, con aquella pócima misteriosa que, quizá dejó caer en mi bebida sin que yo me diera cuenta porque estaba como embobada mirando aquellos ojos verdes, misteriosos, traidores quizá... cristalinos como el mar en la Costa Azul.
Tenía una conversación inteligente y agradable y me gustaba estar en su compañía. Un cabello negro y lacio que brillaba como un espejo hasta posarse suavemente sobre sus hombros y pulseritas que tintineaban cada vez que movía sus manos, cosa que hacía con frecuencia.
Era una muchacha muy expresiva y simpática aunque de pronto se volvía tímida, te miraba a los ojos y acto seguido apartaba la mirada, visiblemente ruborizada.
Aquella noche la sorprendí más de una vez mirándome de soslayo, en una cena que dos compañeros de trabajo organizaron exclusivamente para solter@s y en la que no estaba permitido, bajo ningún concepto llevar pareja. Era la primera vez que acudía a un evento de este tipo con compañeros de trabajo pues, por lo general, no me gusta mezclar el trabajo con mi vida privada ni dejar traslucir esa parte íntima de mi vida a las personas con las que comparto mi hora de comida o mi café de media mañana pero ese día me había propuesto ser "buenecita", salir, tomar unas cervezas, unas risas y volver a casa... ingenua de mi...
Mi compañera en cuestión de 5 minutos ya me había integrado absolutamente en su grupo de amigos y conocidos que no era precisamente pequeño y entre ellos estaba Alicia. Me sonrió un instante después de darme un beso en la mejilla y rozarme levemente el hombro con sus dedos y me mostró una hilera perfecta de perlas que contrastaban con su piel morena. Me enamoré en ese mismo instante y el resto de la cena fue una continua pelea conmigo misma para quitarle la vista de encima de vez en cuando y atender a otras conversaciones...
Creo que mi compañera de trabajo se percató de ello y las ví cuchichear algo que ni siquiera llegué a leer en sus labios pero ellas me miraron y se sonrieron y me sonrieron a mí y mis defensas cayeron automáticamente volviendo a alzarse instantes después. Demasiado tarde... ambas venían a por mí ofreciéndome una bebida y nos apartamos un poco, charlando de temas triviales, su mano fue deslizándose por mi espalda lentamente y mi compañera se dió perfecta cuenta porque la imitó, provocándome entre ambas un escalofrío que me cortó el habla.
Después de la cena fuimos todos de copas a bares y pubs oscuros. Mi compañera, que hasta ahora nunca se hubiera percatado de que pudieran gustarme las mujeres, ni siquiera yo estaba segura de ello, había captado en mis ojos el resplandor de la excitación al ver a su amiga e hizo lo posible, con no poca mala intención, para provocar un encuentro más intenso entre Alicia y yo. En un momento pensé que incluso ella llegaría a unirse a la fiesta en algún momento.
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Dos cervezas más tarde Alicia y yo bailábamos muy pegadas, no sé si en algún momento fuimos el centro de atención del grupo porque ella tiene un cuerpo precioso y, por lo general, a mí tampoco me importa presumir un poco del mío. Notaba que mi compañera, Helena, nos observaba con una sonrisa traviesa y el temor a lo que pudiera decir el lunes en la oficina se mezcló con el morbo de la situación, de ser la primera mujer a la que deseara besar, recorrer con mis manos, acariciar, devorar...
Unos minutos después, Helena ocupó el lugar de Alicia, a la voz de "me prestas un ratito a Ari" me tomó de la mano y empezó a bailar conmigo... uffff, aquella mujer con la que comparto varias horas cada día, con la que me río, con la que cotilleo y con la que bromeo me rodeaba con sus brazos y llegado ese momento yo ya no sabía lo que sentía exactamente. Me dijo al oído con una voz sensual que nunca le hubiera imaginado antes "¿verdad que es adorable? Mírala, no puede apartarte la vista de encima, no desaproveches la ocasión, te dará el placer que nunca antes ningún hombre te ha dado" e inmediatamente después depositó un suave beso en mi mejilla y me dijo "ve con ella, pero ve aparte, donde nadie os conozca y os podáis sentir a gusto".
En ese momento no sabía si era una marioneta en manos de las dos, si Helena de verdad deseaba provocar ese encuentro, si aunque nunca hubiera salido antes el tema se percataba de que pudieran atraerme las mujeres... pero no me importaba ser marioneta en manos de Alicia, la tomé de la mano y me la llevé fuera donde pudimos, al fin, besarnos sin preguntarnos quién pudiera vernos....
Helena nos observaba desde la puerta con una sonrisa y cuando nos vió irnos, con las cinturas entrelazadas volvió a entrar al Pub.
...
Alicia vivía sola, debiá tener unos 10 años más que yo y era preciosa y excitante, con ese encanto que pueda tener una mujer que ya ha vivido varias experiencias y sabe exactamente lo que quiere.
En el ascensor de su casa me dió el aperitivo, metió suavemente la mano entre mi cintura y la cintura de mi pantalón, no sé como pudo llegar a hacerlo, pues estaban realmente ceñidos, sin sentir la más mínima violencia en su gesto pero me provocó una de las primeras más intensas sensaciones que hubiera podido tener hasta el momento...
Continuará....
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